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Clark Gable nació en Laredo
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Aser Falagán | 02-09-2014 | 08:32

Esta vez no he buscado un título canalla. La sola enunciación ya resulta lo suficientemente llamativa. No parece que mientras rodaba ‘Lo que el viento se llevó’ estuviera muy preocupado por lo que sucedía en su presunto pueblo ni que en sus primeros años jugara en el Charles, pero según una leyenda escondida en la puebla vieja, Clark Gable habría nacido en Laredo. No el laredo tejano de los westerns más ideologizados, sino el cántabro, en aquella villa marinera que tiempo atrás había disputado la capitalidad de la provincia a Santander.

La leyenda ofrece solo unos pocos datos: William Clark Gable habría llegado al mundo el mismo 1 de febrero de 1901 que figura en su biografía oficial, pero no en Cádiz (Ohio), sino en Laredo. Y no como José Madrazo o Laro Martínez, sino con ese mismo nombre anglosajón que figura en su biografía oficial y con el que se convirtió en una estrella mundial; ese mismo que habría recibido en una también laredana pila bautismal en presencia de su padre, el gallego (sí, han leído bien) William H. Gable. La descacharrante hipótesis tiene la misma verosimilitud que aquella que asegura que Walt Disney nació en Almería, pero ha sobrevivido un buen puñado de décadas.

La historia es muy retorcida, tanto que no aguantaría el principio de la Navaja de Ockham, y comienza con el siglo en la villa pejina, donde habría vivido un gallego de extraño nombre destinado allí como guardacostas que tras tener un hijo y enviudar habría emigrado poco después a Cuba con otro laredano: Andrés Díaz del Solar. Muy pocos años después ambos habrían terminado en Cádiz (Ohio), desde donde el pejino regresó a su ciudad de origen para contar su historia a los allegados mientras que Gable el gallego -léase Gable con fonética castellana, como pronunciaban ‘clargable’ los aislados españolitos del franquismo- se había quedado en la ciudad estadounidense. Allí habría crecido su hijo Clark, entrocando la leyenda con su biografía oficial.

No existe constancia de la existencia de un gallego con ese nombre y apellido más que extraño para la cultura galaica. De hecho, la teoría de aquella banda parrandera de los noventa que defendía que “hay un gallego en la Luna que ha venido de Ferrol” parece mucho más plausible, pero aun así la historia de un Clark Gable laredano se ha consolidado durante los años gracias a un prudente y soterrado boca-oído. Así como los vecinos de Somo aseguran que aquello de que Hitler pasó allí una temporada “lo sabe todo el pueblo”, el origen pejino de Clark Gable solo lo conocen algunos (aunque no pocos) iniciados.

La historia continúa en los años veinte y treinta, con el actor ya en Hollywood. A la muerte de su padre, Gable, que para aquel momento ya había ganado un Oscar por ‘Sucedió una noche’, habría mantenido la relación epistolar con un Andrés Díaz a quien conocía desde su nacimiento y que ya había regresado en Laredo. Del Solar no era en absoluto un desconocido en la pequeña villa anterior al boom turístico, sino que durante unos cuantos años fue el presidente de la cofradía de pescadores mientras mantenía una supuesta correspondencia con el galán de las orejas imposibles que sin embargo no ha llegado a nuestros días, o si lo ha hecho ha quedado en la intimidad familiar.

Bastante más difícil de encajar en la Hipótesis Pejina es que en la España de principios del siglo XX un gallego respondiera el nombre de William H. Clarke. La teoría coloca además en una complicada relación con el continuo espacio-tiempo a Adeline Hershelman, documentada madre del actor que falleció prematuramente cuando un Clark Gable casi recién nacido contaba siete meses, pero al parecer en dos lugares diferentes. Estas son solo algunas de las contradicciones de una historia que incluso podría cotejarse los archivos, aunque nadie lo ha hecho. Porque, no nos engañemos, perdería todo su encanto.

Quizá todo sea verad. Quizá incluso Rhett Butler y Jack Sparrow quedaran a medio camino en Liérganes para jugar al mus. O quizá todo sea producto de una imaginación enfermiza. Como diría el propio Butler: “Francamente; me importa un carajo“.

Sobre el autor Aser Falagán
Aser Falagán (Santander, 1978). Tengo un papel que dice que soy periodista. Me lo dieron en la UPV-EHU. Redactor de El Diario Montañés y editor del magazine cultural Dartes. En 2013 publiqué ‘Cien anécdotas del Racing’. Aquí les presento la Cara B del periodismo, dedicada a leyendas urbanas, mitos contemporáneos e historias de la Cantabria más oculta. Aquello que pudo ocurrir. Que incluso mereció ocurrir. Pero que nunca ocurrió.