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El edificio bonzo
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Aser Falagán | 24-06-2014 | 13:57

Hay edificios que por un motivo u otro parecen malditos. En otros casos son los solares los que imprimen carácter y parecen resistirse a que construyan sobre ellos. Un ejemplo paradigmático de esta segunda clasificación mitómano-legendaria urbanita es el Edificio Macho, infortunado sucesor del no menos desdichado Palacio Macho. Del origen de aquella orgullosa vivienda noble se sabe bastante poco; ni siquiera quiénes fueron los primeros inquilinos de presunto rancio abolengo que, también presuntamente, lo habitaran en una época no menos rancia.

Sea como sea, los edificios construidos sobre ese solar, se llamen como se llamen, tienen una empecinada tendencia a entrar en combustión espontánea. El antiguo Palacio Macho, que por cierto acogió la redacción de El Diario Montañés hasta 1925, ya había ardido una vez antes de calcinarse completamente en el gran incendio de 1941. Sobre sus ruinas se levantó una nueva construcción homónima que también fue pasto de las llamas en 1971, cuando hubo reconstruirla casi por completo antes de que sufriera otro altercado menor.

La zona debe tener algún magnetismo especial para el fuego, porque a un puñado de metros se levanta el Mercado del Este, que no ha cumplido aún las dos décadas y recrea otro edificio declarado en ruina tras quedar muchos años inutilizado como consecuencia, cómo no, de un incendio. Como el que había sufrido en 1941. Aunque en aquella segunda ocasión fue la inacción del Ayuntamiento la que provocó la desaparición de un espacio que estuvo décadas abandonado a su mala suerte hasta que la rehabilitación fue ya imposible.

La tendencia pirómana no es, sin embargo, lo más extraño del enclave. Según la leyenda urbana que circula por la ciudad, el Macho está catalogado como edificio enfermo y entre en el personal que ha trabajado entre sus tabiques se han registrado varios casos de una extraña enfermedad llamada lipoatrofia semicircular. Una dolencia cuyos efectos remiten según se deja de trabajar allí.

La asombrosa pulsión insalubre tampoco es lo más extraño del edificio bonzo, que aun hoy acoge algunos servicios de la Consejería de Economía del Gobierno de Cantabria, su titular durante décadas. Ya mucho antes de que se trasladara a gran parte del personal al Paseo del Alta algunos funcionarios contaban en la intimidad, por aquello de que no les tomaran por locos, que en el edifico pasaban cosas raras. Cosas de fantasmas. Y no se referían al día en que Ahsan Ali Syed visitó el despacho del consejero presentándose como la pera limonera después de comprar el Racing con el dinero del Racing. No. Se referían a fantasmas de los de sábana y cadenas.

No era ya que los ascensores subieran y bajaran sin que nadie los llamara no ocupara (que lo hacían), sino que algunas luces se encendían inexplicablemente incluso con el edificio ya cerrado, cuando solo estaba en su interior el personal de seguridad. Todo se tomaba a broma hasta que empezaron a aparecer rostros difuminados en algunas fotocopias (afortunadamente en pocas, porque en caso contrario la valoración de la EPA de turno hubiera resultado incluso más paranormal) y el sistema de incendios comenzó a encenderse y apagarse sin que nada ni nadie lo activara o desconectara. Algo bastante inquietante dados unos antecedentes que recomiendan encarecidamente no tomarse a broma el fuego en aquel reducto incandescente. Pero ni siquiera el técnico que revisó la instalación encontró una explicación plausible, según el ensayista Juan Gómez, que ha investigado el caso.

Casi todo el personal se ha trasladado ya a la nueva sede, mucho más grande, del Paseo del Alta. Y quizá algunos trabajadores respiraran aliviados al enterarse del cambio, aunque de ser así ninguno lo reconocerá. Sin embargo, permanezcan atentos, porque en cualquier momento las llamas del edificio bonzo pueden iluminar la ciudad de nuevo.

Sobre el autor Aser Falagán
Aser Falagán (Santander, 1978). Tengo un papel que dice que soy periodista. Me lo dieron en la UPV-EHU. Redactor de El Diario Montañés y editor del magazine cultural Dartes. En 2013 publiqué ‘Cien anécdotas del Racing’. Aquí les presento la Cara B del periodismo, dedicada a leyendas urbanas, mitos contemporáneos e historias de la Cantabria más oculta. Aquello que pudo ocurrir. Que incluso mereció ocurrir. Pero que nunca ocurrió.