img
Categoría: Ocio
De libros infantiles que triunfan en mi casa

Dice Daniel Pennac, el autor de Como una Novela, que el verbo leer no admite imperativo. Pero todos somos conscientes de la necesidad de leer, de los beneficios de la lectura, queremos que nuestros hijos lean y sabemos que en algún momento de su vida académica, alguien les exigirá que lo hagan. Antes de llegar al punto de la obligación podemos intentar que nazca la devoción, la necesidad, y para conseguir eso no se me ocurre una mejor manera que engancharles con las lecturas en voz alta. En mi casa el cuento de antes de dormir es ritual sagrado y creo que mi hija antes renunciaría a la cena que al cuento. Y decir eso de sejemante tragaldabas es decir mucho.

Sin ánimo de prescripción ni de hacer un listado de imprescindibles y mucho menos de lecturas obligatorias, voy a dejaros alguno de los títulos que adopté para mis hijos y han hecho méritos por cuenta propia para estar entre los leídos, releídos y vueltos a leer.

EL POLLO PEPE. Nick Denchfield. Editorial SM.

10 páginas, 53 palabras, 3 pop ups y un desplegable conforman uno de los bestsellers indiscutibles para los más pequeños. Algo tiene este pollito tragón, los colores sólidos, los dibujos claros, los pop ups sencillos pero efectivos y un adulto dispuesto a contarlo con un poco de drama obran la magia. Yo ya voy por el segundo ejemplar, el primero quedó destrozadito después de tanta lectura – juego.

QUIÉN ES EL QUE… Émile Jadoul. Editorial Edelvives.

Juliana la rana, Alejo el conejo, Valentina la gallina… un animal y una textura en cada página para explicar un sensación táctil. Aunque está pensado para lo más pequeños, a mi hija de cuatro años le sigue encantando cuando lo leemos para su hermano.

ADIVINA CUÁNTO TE QUIERO. San McBratney , Anita Jeram. Editorial Kókinos.

Este precioso cuento se lee mejor de pie y con todo el cuerpo. Porque liebre pequeña intenta explicarle a liebre grande cuánto le quiere con manos, pies, saltos, vista… para descubrir que su padre siempre tiene un poco más de espacio para medir el amor. Cuando liebre pequeña se duerme agotada y feliz pensando que ha dado con la medida definitiva “¡hasta la luna!”, liebre grande susurra, arropándole: “yo te quiero hasta la luna… ¡y vuelta!” Treinta años lleva ya este libro deleitando a grandes y pequeños y hay ediciones para todos los gustos… tela, troquelados, grandes, pequeños… Aunque la edición troquelada es preciosa para los pequeños recomiendo la normal de tapa dura.

El PEZ ARCOIRIS. Marcus Pfister, editorial Beascoa.

Es el pez más bonito del fondo marino, pero descubre que compartiendo sus preciadas escamas brillantes hará a los demás peces más felices y cambiará admiradores por amigos. Es una de las estrellas de la biblioteca de mi hija desde hace más de un año. No sólo tiene una historia bonita y unas ilustraciones, encima… brilla. Y ella que tiene un punto de urraca no puede resistirse a un libro con cosas que brillen. Afortunadamente el pez arcoiris es protagonista de tres libros más, así que hay pez para rato.

 

LA ORUGA GLOTONA. Eric Carle. Editorial Kókinos.

Que sea útil para enseñar los números o los días de la semana o los nombres de las frutas está muy bien… pero lo mejor del libro es ver la metamorfosis de la pequeña oruguita en una magnífica mariposa.

UN LIBRO. Hervé Tullet.

Lo de mi hija y este libro ilustrado es una historia de amor sin fin. Y no es que el libro tenga mucha, la historia de estos círculos que se multiplican, se apagan, se encienden, se caen del libro y crecen la escribe el oyente dirigido por el cuentacuentos. Descubrimos el libro en una actuación del Mago Julanini y después de ver a un montón de niños boquiabiertos no dudé en comprarlo e imitar como buenamente pude al gran Julianini en casa.

LO QUE ESCUCHÓ LA MARIQUITA. Julia Donaldson, Lydia Monks. Ediciones Fortuna.

La mariquita no habla mucho, pero lo escucha todo y gracias a eso consigue impedir los planes de los malvados ladrones para robar la vaca de la granja. Rimas asonantes, repeticiones y sobre todo, muchas onomatopeyas, hacen que sea una lectura muy divertida para el oído de los pequeños. Por si fuera poco, en cada página tenemos que encontrar a la diminuta marquita que… ¡brilla!

CUENTOS PARA SOÑAR DESPIERTO. Debi Gliori. Editorial Timun Mas.

Es una recopilación de cinco de los cuentos más famosos de esta autora e ilustradora escocesa. Entre ellos está nuestros favorito del libro, Siempre te Querré, porque todos necesitamos en algún momento que nos aseguren que el amor de papá y mamá es incondicional.

¿A QUÉ SABE LA LUNA?. Michael Gregniec. Editorial Kalandraka.

Los animales de la selva tienen una curiosidad compartida, todos se preguntan a qué sabrá la luna. Pero ninguno tiene recursos por sí mismo para averiguarlo. El trabajo en equipo será la solución. Aunque un desconcertante segundo final nos hace replantearnos esa victoria. La estructura de repetición y acumulación, los contrastes en blanco y negro, la alternancia texto ilustración hace el libro agradable de seguir para los pequeños… ya tendrá tiempo de reflexionar sobre el doble final cuando no lo sean tanto.

ELMER. David Mackee. Editorial Beascoa.

Elmer es un canto a la diversidad, la historia de un elefante que no es “color elefante” y descubre que ese es, precisamente, su gran valor. No me gusta hablar de la utilidad didáctica de un libro infantil como argumento principal de su interés, pero realmente la historia de Elmer transmite un mensaje valioso en un momento en que me parece muy necesario dejar ver a los niños que tienen derecho a ser como son sin luchar para ser iguales al resto de la manada.

VERSOS DEL TIEMPO. Javier Ruiz Taobada, Emilio González Uberuaga. Editorial SM

Compré este libro sin pensarlo mucho al verlo de pasada, la poesía siempre es agradable al oído de los niños y coincidió con un momento en que mi hija estaba obsesionada con la medición del tiempo, pero fue éxito rotundo desde la primera lectura. El libro contiene sesenta poemas dedicados a diversos conceptos relacionados con el tiempo, uno para cada día de la semana, los meses, las estaciones, para el calendario, el minuto, el segundo… Dicho así puede sonar muy “Instrumental”, pero no es eso, es un libro lleno de rimas e imágenes encantadoras que mis hijos no se cansan de escuchar y mirar.

LAS AVENTURAS DE OLILI. Olivia F. Ceballos y Ana Junquera. AGA ediciones.



Tengo que reservar un espacio especial para hablar de estos libros, porque soy admiradora y porque es un proyecto creativo y generoso que lo merece. Descubrir a Olili y quererla es todo uno. Es la protagonista de siete aventuras (¡de momento!) en las que vamos conociendo a esta niña inteligente, sensible y divertida. Si los recuerdos de infancia de la autora, Olivia, componen el alma de Olili, las maravillosas ilustraciones de Ana Junquera, creadora de la marca De Puntillas, son el corazón.

Los libros de Olili son para mí el ejemplo perfecto de cómo se puede dar valor añadido a un libro para que sea deseado como objeto físico, fintando esos problemas con los que tiene que lidiar la industria editorial en estos días. Las ediciones son bilingües, incluyen extras como pasatiempos, pegatinas… (según el título) y los seis primeros además tienen una opción que incluso a una consumidora compulsiva de nuevas tecnologías como yo dejó boquiabierta: la realidad aumentada. Mi hija es aún un poco pequeña para captar del todo algunas historias de Olili, pero está fascinada con lo que pasa cuando apunta con la cámara del teléfono en ciertas páginas del libro, o con la posibilidad de vestir a Olili en la app y luego hacer fotos donde aparece. En este caso una imagen vale más que mil explicaciones, en este vídeo podéis ver cómo funciona.

A pesar de todos los extras consiguen un precio muy razonable, 9,95 €. Y aún con todo, se permiten el lujo de ser solidarias y donar los beneficios de la primera edición a la Fundación Juegaterapia. Nosotras ya hemos metido en la carta a los Reyes Magos el último título de la colección, Olili Sueño Cumplido en el Circo. Y nos hemos quedado con las ganas de añadir unas camisetas de De Puntillas, pero mi hija se niega a encoger para volver a entrar en la talla 2 años. Maldición.





EL CASCANUECES, Editorial Usborne.

Cuando llevo a mi hija a comprar un libro le insisto mucho en la diferencia entre libros y juguetes. Para mí, los “libros” con un motón de periféricos, botoncitos, músicas, pinturas y demás, son juguetes. Y están muy bien si voy buscando un juguete, pero cuando voy a buscar un libro toca comprar eso, un libro cuyo fin principal sea la lectura del contenido y, si las tiene y merecen la pena, contemplar las ilustraciones mientras leemos. Con este libro hice una excepción, iba buscando alguna edición ilustrada que adaptase de forma sencilla la historia de El Cascanueces y no encontré lo que buscaba, de esta edición no me gustó nada la ilustración de la portada y además llevaba “periféricos” musicales, pero no había otra y me la llevé. Descubrí ya en casa que había sido un acierto, las ilustraciones interiores son mucho más bonitas que las de la portada y si acepto las ilustraciones como apoyo sensorial e intelectual a la historia que están escuchando, ¿por qué iba a renegar de algo tan adecuado en este caso como algunos de los fragmentos más populares del famoso ballet compuesto a partir de la historia?. Si tengo una pega que ponerle es que el sonido es muy alto y no hay forma de regularlo. Además, aunque el libro lo compré para mi hija, a mi niño le tiene loco y se pasa el día dándole a los botones. ¡Ya estamos preparadas para ver el ballet el día 27 en el Palacio de Festivales!

Y en vuestras casas ¿qué libros triunfan? ¿Cuáles os piden que leáis hasta que os sabéis cada palabra de memoria? ¿Me recomendáis alguno?

Ver Post >
De padres novatos, cultura para preandantes y Las Cuatro Pes.

Era un santanderino día de noviembre. Es decir, caían chuzos de punta. Mi hija había cumplido los dos años, la vorágine playera del verano quedaba ya muy lejos y las posibilidades de ocio fuera de casa me parecían muy limitadas. Yo estaba embarazada de siete meses largos y sentía cómo se iba agotando el tiempo que nos quedaba para disfrutar de ella como hija única, así que me puse a buscar un plan especial para el fin de semana. ¿Cine? Nah, aunque a nosotros nos encanta era muy pequeña y no había ninguna película que nos pareciese adecuada. ¿Biblioteca? Ya habíamos ido unos días antes y había sudado la gota gorda quitándole de las manos todos los libros con desplegables. Donde decia “desplegables” ella leía “recortables”, creo. Huy… ¿teatro infantil? Eso sonaba muy bien. Para niños entre 2 y 6 años, podía valer, sí. Ya conocía a la compañía, pero no sabía que tenían sala propia para representaciones propias y ajenas.

El domingo por la mañana nos preparamos para ir. Muy previsora yo, me dije que lo mismo era buena idea llegar media hora antes para comprar las entradas. La media hora se redujo a la mitad: que si la lluvia, que si el aparcamiento en el centro… blablabla, ya sabéis cómo funciona. Llegando a la puerta vimos que había cola… mucha cola. Ahí ya se me dispararon las alarmas. Cuando llegamos a la ventanilla la señorita que vende las entradas (cuando quedan) nos informó amablemente de que las entradas estaban agotadas. ¿Agotadas? ¿Cómo que agotadas? ¡Que era una obra infantil en la que representaban Blancanieves con productos de limpieza, hombre! ¡Que el caballo del príncipe era una fregona!

Ahí ya empecé a pensar que había infravalorado la demanda de espectáculos infantiles en la ciudad. Nos informó también de que podíamos haber comprado las entradas por Internet. Ojiplática me quedé, tal idea ni se me había ocurrido. ¡A mí, que ya hacía la compra del súper por Internet cuando aún te daban bolsas gratis! Me imagina más bien algo como un señor mayor con cuatro pelos repeinados tapando la calva y un rollo de entradas impresas con la tinta emborronada. A saber por qué.

Yo sospechaba que la buena mujer nos miraba con un punto de burla divertida en los ojos, debía de ser la quincuagésima vez que soltaba el mismo discurso y veía las mismas caras de padres novatos en esto de la cultura para preandantes. Después de pintarlo todo muy negro nos arrojó el rayito de esperanza: había una cola de lista de espera para cubrir los huecos de las entradas no recogidas. También existía la opción de que entrase sólo el niño y se sentase en un grupito en el suelo a pie de escenario.

No mantengo más el suspense: al final conseguimos entrar. Me sentí muy feliz cuando encajé como pude mi barrigón en aquellas incómodas butacas, tanto como si nos hubieran tocado entradas para el concierto de Año Nuevo con tarta Sacher incluida por lo menos. Mi hija disfrutó, yo aguanté como nunca en mi tercer trimestre las ganas de ir al servicio porque me daba miedo de que hubiera otra lista de espera para butacas temporalmente abandonadas, todos contentos.

Ese día aprendí alguna lección muy valiosa sobre no dejar los planes con niños a la improvisación cuando hay medios para asegurarlos*. Y, sobre todo, entendí que había muchos padres por ahí con hambre de hacer llegar a sus hijos “algo más”, que no aceptan que los días de lluvia signifiquen más horas de televisión, que quieren incluir a sus hijos en los planes de fin de semana aunque tengan cuatro abuelos como cuatro soles rifándose el turno de “quedárselo”, que piensan que para los niños “ocio” puede ser algo mucho más amplio de lo que los adultos solemos clasificar como ocio infantil. Padres que sí, por supuesto, recuerdan con cariño la infancia de Las Cuatro Pes (playas, pipas, paseo, pelota) e incluso reconocen que algunas cosas eran mejores antes, pero quieren abrir ventanitas a otros mundos.

*Bueno, vale, quizá no la aprendí a la primera. Cuando llamé a la biblioteca unas semanas más tarde para pedir sitio en un cuentacuentos para cuatro días después la señora se aguantó (mal) la risa. Pero sigo trabajando en ello.

Ver Post >
Sobre el autor Marta Muñoz
Madre inquieta de dos criaturas aún más inquietas, empresaria, filóloga de formación y antigua librera de profesión. Navegando sin descanso por la red desde el cambio de milenio, en algún momento del crucero esa pasión se convirtió en mi trabajo. Tras la etapa universitaria en Salamanca y una aventura madrileña de ocho años, he vuelto a la tierra con ganas de exprimir a fondo el privilegio de vivir en Cantabria cuando tienes niños. menudeos.blog@gmail.com