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Selección española: clink, clink ¡Caja!

El fútbol es un negocio, un gran negocio. El fútbol es una industria, una gran industria. La selección española es una máquina de hacer dinero. No sé por qué se escandaliza la gente de que La Roja haya viajado a Panamá para hacer un bolo inservible entre semana y rompiendo la planificación de los equipos y machacando aún más si cabe la resistencia física de los futbolistas. Es rentable, se saca una pasta gansa, además, sería una necedad supina no aprovechar el tirón que tiene ahora el equipo. Sin embargo, los puretas de este business, aquellos que ven la paja en el ajeno y se olvidan de la viga en el propio, han vuelto a sacudir a Villar (con Del Bosque aún no se atreven, pero todo se andará) por la avería, dicen, que supone este tipo de partidos.


El fútbol es uno de los lugares en los que te puedes encontrar con el mayor número de hipócritas por metros cuadrado del planeta. Todos aquellos que ponen a parir a la federación por estos bolos insufribles daban palmas entusiasmados, sin ir más lejos, cuando se diseñaban las giras veraniegas de los equipos grandes de nuestra liga. El Real Madrid, por ejemplo, el año pasado visitó Los Angeles, San Diego, Filadelfia, Berlín, Leicester, Guangzhou y Tianjin. Estas dos últimas ciudades, si no las han cambiado de lugar, en encuentran en China. Da hasta pereza contar los kilómetros recorridos por los jugadores de Mourinho. Del Barça podemos hablar de la pretemporada de este año, con visitas a Hamburgo, Bucarest, Goteborg, París o Tánger. Menos distancia, pero también variado recorrido. Y así, la mayor parte de los equipos proveedores de jugadores para el equipo nacional. Y no hablamos de los compromisos publicitarios o comerciales de los clubes, que también dan para mucho y tampoco de los viajes relámpago de los futbolistas en sus escasos días de descanso para rodar un anuncio de colonias para oler mejor, una sesión de fotos con el supercochazo o reloj de tus sueños o para formar parte de reclamo en la presentación de un videojuego o similar.
Nadie, absolutamente nadie se quejaba de estos viajes, algunos diseñados por el enemigo. Nadie, absolutamente nadie, decía que las plantillas iban a llegar fundidas a finales de agosto o que los recorridos eran sencillamente demenciales, como se podía observar en los gráficos tan chulos de los periódicos deportivos. Al contrario. Las giras veraniegas era una brillante gestión de los mandatarios respectivos, que lograban unos ingresos extras maravillosos, al tiempo que expandían la imagen del club en mercados emergentes y más que interesantes. Vamos, un chollo. Y como la vida del futbolista es corte, muy corta, hay que aprovecharla y exprimirla económicamente al máximo. Así que, muy señores míos, no me sean tan hipócritas a la hora de atizar a la Federación por el bolo en Panamá. Todo el mundo hace lo mismo.

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Morosos S.A.

El fútbol español ha vivido siempre de cierto toque de impunidad, de todo vale, de ausencia de límites. En un país en el que el deporte, especialmente el fútbol, se ha convertido en un anestésico para las masas, a nadie le debería de extrañar que la autoridad competente, cuando no lo ha intentado manejar directamente, se ha limitado a dejarlo estar con una libertad de acción realmente notable. El fútbol, además, ha servido como catalizador de sentimientos de todo tipo, desde ideológicos, hasta nacionalistas, del localismo más cercano a la pertenencia más amplia. Todo un filón cuando de lo que se trata es de tener al personal distraído con asuntos menores. Es obvio y normal que muchos prefieran que se hable de Mourinho que de la situación económica, mejor discutir por un penalty que por el paro. Por eso el fútbol nunca morirá. Por eso, a quien corresponda, nunca dejará que el fútbol muera.

La crisis económica en el fútbol no es algo nuevo. En el siglo pasado, a finales de los años ochenta, los clubes españoles debían casi 21 mil millones de pesetas. Papá Estado intervino y con el dinero de las quinielas, con una bondad infinita por parte de Hacienda y demás instituciones públicas, culminando el saneamiento de las cuentas con un proceso extraño proceso por el que los clubes dejaban de pertenecer al socio, para convertirse en sociedades de accionistas. Partir de cero para volver a empezar…a empezar las gestiones desalmadas, la presencia de personajes de dudosa respetabilidad en muchos casos al frente de los consejos de administración, a dilapidar ingentes cantidades de dinero en operaciones absurdas, a perpetrar atentados financieros contra los balances de cuentas y a seguir todos y cada uno de los pasos que conducirían al fútbol a la casilla de salida del desastre.

Todo este panorama se vio agravado con la famosa burbuja o burbujas, que el fútbol puede presumir de tener varias. La inmobiliaria, con las operaciones urbanísticas sobre estadios situados, en muchos casos, en lugares privilegiados de las ciudades. La televisiva, con ingresos fuera de mercado por parte de televisiones ávidas de ganar la guerra del fútbol. La de las plantillas, en una carrera sin sentido por ver quién tenía el futbolista más caro o el entrenador de mayor caché. Gestión delirante para resultados dementes. Hasta hoy.  La desolación económica llega hasta 22 clubes en concurso de acreedores, incluidos aquellos equipos de segunda B que presuntamente tienen carácter aficionado. Cien millones de euros solo de deuda con Hacienda para unos números rojos que se pierden por su grandeza y que algunos sitúan en la cercanía de los 5.000 millones de euros. En cualquier otro sector productivo, el negocio del fútbol hace ya varios años que tendría que haber echado el cierre. Algún embargo esporádico, algún descenso de categoría, pero poco más. Quienes más deben, siguen fichando, contratando y viviendo como si la deuda fuese solo un chiste malo ¿Hasta cuándo? Pues hasta cuando el Gobierno quiera ¿Se dejará morir al fútbol? En estos tiempos se hace duro explicar a un ciudadano que es prioritario salvar antes a un club de fútbol endeudado hasta el infinito y mucho más que mantener abierto un hospital público, pero nunca se sabe… Pan y circo. Tan viejo como los romanos.

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Yo me meto, tú te metes, él se mete

No sé si has visto la foto de la senadora con Odriozola. Es gracioso, pero cuando se organizó todo el jaleo del registro, las conversaciones grabadas en las que la señora Domínguez no quedaba precisamente en muy buen lugar, muchos huían de ella como de la peste. El resto, ya lo sabes. Cagadas variadas en la investigación, errores de bulto en el procedimiento y caso sobreseído. A otra cosa, mariposa. Y luego llegó Londres, el batacazo del atletismo español en unos Juegos en los que no nos comimos una rosca, las elecciones a la presidencia del atletismo español y esos extraños compañeros de viaje que se suelen aparecer por el camino. ¿Lo dices por Odriozola y Domínguez? Evidente, hombre, ¿o no recuerdas qué hizo el presi en cuanto se destapó el escándalo de la palentina? Ya, claro, patada en el trasero y si te he visto, no me acuerdo. Pues eso mismo. 

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Sobre el autor @TabernaMou
¡Bares, qué lugares! Tres cosas tienen en común estos templos del saber: la ensaladilla fosilizada, una buena estaca disuasoria para los simpas y las apasionadas discusiones deportivas. Esto quiere ser la Taberna de Mou, un lugar de encuentro para hablar de deporte sin límite de edad, sexo y condición. Bienvenido, te estábamos esperando