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Autor: cuestiondepelotas
El árbitro, el ladrón, la nevera y su amante
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cuestiondepelotas | 03-10-2013 | 3:33| 0

Trencilla, hijoputa, ladrón y cegato. Dolorosos epítetos para un pobre señor que se dedica a servir como juez imparcial entre dos fuerzas antagónicas que enseñan los dientes, para un pobre deportista que corre en diagonal, sin gloria cuando acierta y con pena cuando falla. Ay, pobres árbitros.

Trencilla, hijoputa, ladrón y cegato. Dolorosos epítetos para un pobre señor que se dedica a servir como juez imparcial entre dos fuerzas antagónicas que enseñan los dientes, para un pobre deportista que corre en diagonal, sin gloria cuando acierta y con pena cuando falla. Ay, pobres árbitros.

No.

El mal arbitraje es un crimen sin víctimas. No es que no existan, es que a tenor de los resultados parece como si no existiesen. Cuando un árbitro se equivoca, suele hacerlo a favor de quien menos problemas va a darle en el futuro. Así, si Muñiz Fernandez mete una gambada espectacular en un partido Elche-Real Madrid, el resultado es el que conocimos ayer: el Comité Técnico de Árbitros no aplicará ningún castigo. Ni entrará en la famosa nevera, ni ofrecerá explicaciones sobre el penalti inexistente en el área de los locales en el minuto 94. Muñiz seguirá siendo uno de esos increíbles profesionales de la Liga Española que se regulan a sí mismos y que no conocen más ley que la que Victoriano Sánchez Arminio tiene a bien aplicar. Es la ley del más fuerte y los más fuertes son ellos.

Ser árbitro de primera es un chollo espectacular. Hay que tener unas condiciones físicas mínimas, obviamente, y chuparse unos cuantos años aguantando escupitajos, insultos e incluso bofetadas en los campos de regional, tercera, segunda B, segunda… Cuando el candidato ha demostrado que pasar por ese infierno no ha afectado a su salud mental, indica también que sus tragaderas son enormes, y por tanto que está maduro para ponerse en manos de Victoriano y convertirse en uno más del grupo de trencillas de élite que van a chupar de una teta cuya leche no deja de manar.

Y qué teta. Estar trotando por los impecables campos de Primera 90 minutos por semana supone unos emolumentos de 150.000 euros al año. No sé ustedes, pero yo hay días que no los gano. Y además lo hacen desde la impunidad absoluta. Basta con saberse las cuatro reglas básicas del reglamento: que si el balón pasa la raya por cualquier sitio que no sea entre los tres palos es fuera, que si un jugador atiza a otro es falta, que el balón no se toca con la mano y que eso de quitarse las camisetas es amarilla. Ni siquiera hace falta que sepan lo que es el fuera de juego, que para eso hay unos asistentes de lo más majos que levantan banderines por si tú no te has dado cuenta.

Cualquier fallo, por garrafal que sea, si no es un desconocimiento del reglamento, se considera error de apreciación. No importa que todo el estadio haya visto lo contrario, si él no lo ha visto es humano y además estará cansado el pobre, alguien le habrá tapado, el sudor habrá nublado su visión… Cualquier cosa menos reconocer que es un inútil o que, aún peor, ha errado a conveniencia.

Si la vida pusiese a cada árbitro malo en su sitio, las fábricas de Bosch y LG tendrían que hacer horas extras. Pero quién va a meter a un árbitro en la nevera si es uno de los nuestros, pobre, hasta ahí podíamos llegar. ¡Ni que alguien hubiese salido perjudicado!

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Madrid 2020, ¿es lo que necesitamos?
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cuestiondepelotas | 28-08-2013 | 7:50| 0

Él es el héroe que Gotham se merece, pero no el que necesita ahora mismo“. Con esas palabras, recitadas en voz cadenciosa sobre el fondo musical de Hans Zimmer, el comisario Gordon le hacía ver a su hijo una triste verdad al final de la épica El Caballero Oscuro. En un mundo imperfecto, las soluciones mágicas no existen, los ideales funcionan sólo a veces, y los esfuerzos titánicos no siempre se ven recompensados.

Él es el héroe que Gotham se merece, pero no el que necesita ahora mismo“. Con esas palabras, recitadas en voz cadenciosa sobre el fondo musical de Hans Zimmer, el comisario Gordon le hacía ver a su hijo una triste verdad al final de la épica El Caballero Oscuro. En un mundo imperfecto, las soluciones mágicas no existen, los ideales funcionan sólo a veces, y los esfuerzos titánicos no siempre se ven recompensados.

Esta es una página sobre deporte. El deporte es una vía de escape y también una de las más nobles actividades del ser humano, principalmente porque se realiza por elección. El antílope y el guepardo, cuando corren, lo hacen impulsados por la necesidad, por mero instinto de supervivencia. Usain Bolt o una humilde estudiante de psicología, cuando corren, lo hacen por elección propia. Porque cada paso les hace mejores.

Por eso puede parecer extraño que en una página como esta, donde amamos el deporte y muchos de mis compañeros dedican, con pasión, su vida a contarlo, alguien exprese el deseo de que Madrid no consiga los Juegos Olímpocos de 2020. Para muchos de los que comparten espacio conmigo en Grada360 será uno de los acontecimientos que marquen sus vidas. También será un cambio radical en las vidas de muchas personas, muchos se enriquecerán gracias a los Juegos, habrá trabajo durante un par de años para muchos jóvenes, y será en general una fiesta.

Esa es la parte buena. Hay una parte mala. El presupuesto corregido de Madrid 2020 prevee gastar 2400 millones de euros e ingresar 2000. Sobre el papel, es un gasto medianamente asumible si consideramos el beneficio intangible que traerá para España en imagen de marca. Pero en el mundo real, sabemos que siempre se falla con las cifras. Sin ir más lejos, Londres calculó unos gastos de 2400 millones de libras que terminaron convirtiéndose en unos reconocidos 9300 millones, casi cinco veces más de lo ingresado. A todas luces, un negocio ruinoso.

El otro día salí a correr por el Parque del Retiro. Mientras intentaba mover mis viejos huesos de treintañero a un ritmo razonable, me crucé con la joven de la que hablaba en el segundo párrafo, amiga de hace años. Mientras nos deteníamos a tomar aliento y ponernos al día, le comenté que seguramente estaría emocionada por los Juegos. Y ella me respondió, muy seria: “Preferiría que esos miles de millones de euros que se supone que no tenemos y que han recortado de Sanidad y Educación fuesen a lo realmente importante. A pagar becas que hiciesen avanzar la investigación, a contratar más médicos, a elevar el nivel de los alumnos de este país”.

Y se marchó, antes de que pudiese responder nada. Me dijo adiós con la mano mientras se alejaba como el Batman de Nolan, dejándome pensativo, sudoroso y cansado. Troté de vuelta a casa, pero ya no era lo mismo. Sabía que poner una pierna delante de la otra nos hace ser mejores, pero no tanto como para que la ilusión que nos hace organizar unos juegos nos haga olvidarnos de que no siempre lo que queremos o merecemos es lo que necesitamos.

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Vaca sagrada
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cuestiondepelotas | 21-08-2013 | 9:12| 0

La vaca sagrada (Bos primigenius sacratus) es un mamífero homínido balompédico que tiene su hábitat en los campos, vestuarios y zonas nobles de los equipos grandes de fútbol. Son reconocibles desde cierta distancia, diferenciables de otros homínidos balompédicos por una nómina elevada (no siempre la más alta) y un aura intangible que les protege de todo mal.

La vaca sagrada (Bos primigenius sacratus) es un mamífero homínido balompédico que tiene su hábitat en los campos, vestuarios y zonas nobles de los equipos grandes de fútbol. Son reconocibles desde cierta distancia, diferenciables de otros homínidos balompédicos por una nómina elevada (no siempre la más alta) y un aura intangible que les protege de todo mal.

La vaca sagrada nunca nace vaca sagrada, salvo raras excepciones como el Raulibus Gonzalus, capaz de realizar grandes proezas desde el día de su debut. Normalmente deviene en vaca sagrada desde un estado primario de homínido balompédico corriente, más dotado que el resto, pero aún sin formar del todo.

Cuando el homínido balompédico común ejecuta grandes proezas puede no llegar a convertirse en vaca sagrada. Para eso es preciso que la futura vaca realice una serie de rituales mágicos transformadores, desde besar el escudo de la camiseta con profusión en cada partido hasta encararse con homínidos balompédicos de manadas rivales dentro y fuera del campo. Sin embargo estos rituales, que han de ser repetidos a lo largo de los años, tampoco garantizan la transformación en vaca sagrada. La etología nos enseña casos como el Ikeribus Casillus, un tipo particular de vaca sagrada que ha realizado actos de hermanamiento con machos alfa de manadas rivales, saliendo reforzado de los encuentros.

Donde realmente logra pasar la vaca sagrada de pupa a crisálida es en las zonas de abrevadero de animales del entorno del homínido balompédico, conocidos comúnmente como periodistas deportivos. La vaca sagrada acude a las zonas de pasto y abrevadero en los reservados de restaurantes de lujo, normalmente de nombre vasco, y allí hace ofrendas de alimento y copas. De semejante interacción suelen resultar cambios en el ecosistema, conocidos comúnmente como “mamadas a tres tiempos” o “portadas a cinco columnas“, variando la terminología según el color del lector del diario.

La combinación exacta y casi alquímica de condiciones ambientales, tiempo de maduración, éxitos deportivos y portadas de periódico termina de completar la transformación del homínido balompédico en vaca sagrada. Suele producirse este en un periodo no inferior a cuatro años, salvo contadas excepciones.

Una vez transformado en vaca sagrada, el ejemplar disfrutará de una serie de prebendas otorgadas por su condición. Los periodistas clamarán por su titularidad, los aficionados la exigirán, sus errores se disculparán o se camuflarán de pretendido XXXXismo (sustitúyanse las Xs por el nombre del clan de pertenencia de la vaca), siendo esto cierto o no.

En ningún caso se cuestionará el estado de forma de la vaca sagrada, y cualquier homínido balompédico que aspire a ocupar su puesto será tratado con el triple de dureza que se le aplicaba antes a esta a la hora de juzgar sus méritos y deméritos. Y si por lo que fuese, esa figura de adorno pero obligatoria en cada clan denominada “entrenador”, osase cuestionar su vacasagridad, caerá sobre ella todo el peso de las portadas.

Hasta aquí nuestro documental de National Geographic de hoy. ¡Gracias por estar ahí!

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28 veces la mejor del mundo
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cuestiondepelotas | 14-08-2013 | 6:51| 0

Hace 31 años nació una niña en Volgogrado que sólo quería ser gimnasta. Desde los cinco años, y durante una década, Yelena se dedicó en cuerpo y alma al giro y la pirueta, queriendo ser la mejor del mundo. Pero un día, sus genes y su sistema endocrino la traicionaron. De pronto sus entrenadores la miraban con desconfianza, y le decían que era demasiado alta para ser gimnasta. Que midiendo 1,74 jamás llegaría lejos.

Yelena lloró al saber la noticia. Ella sólo deseaba competir, pero las trabas eran demasiado grandes. Podría haber renunciado al deporte entonces, haberse convertido en una chica normal más, del montón. Podría haberse buscado un trabajo o echarse novio, podría haber hecho muchas cosas, pero no hizo ninguna.

En lugar de eso, cogió una pértiga.

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Las chicas no son solo guerreras cuando no están ellos
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cuestiondepelotas | 08-08-2013 | 11:20| 0

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Así, sí.

Hay una constante en la información deportiva en nuestro país que produce a la vez lástima y rabia. Y es la poca o nula atención que le prestamos a las deportistas femeninas españolas. El desequilibrio social y de atención que existe entre lo que gana y lo que aparece en medios un deportista hombre y una mujer es abismal y casi incomprensible.

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Hay una constante en la información deportiva en nuestro país que produce a la vez lástima y rabia. Y es la poca o nula atención que le prestamos a las deportistas femeninas españolas. El desequilibrio social y de atención que existe entre lo que gana y lo que aparece en medios un deportista hombre y una mujer es abismal y casi incomprensible.

Los 106×70 de un campo de fútbol son iguales para una mujer que para un hombre. Los 3,05 del aro de baloncesto están a la misma altura. Los 100 metros lisos tienen exactamente el mismo número de centímetros, y por alguna razón nos comportamos como si eso no fuese así.

Tenemos tan poco respeto a la labor de las deportistas, que nos creemos que tenemos que centrar la atención en sus cuerpos, no en su desempeño. De ahí propuestas tan rocambolescas como la de la creación de una Liga de Baloncesto en Lencería, que produce vergüenza por su mera existencia.

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Así que durante todo el año pasamos olímpicamente de las mujeres deportistas a no ser que se dopen o salgan desnudas, como en la contraportada del As. Pero luego llega el verano y resulta que las competiciones masculinas desaparecen o que los chicos pinchan miserablemente en el mundial de natación, y ellas conquistan 12 medallas. Y de pronto nos acordamos de que el deporte, todos los deportes, los practican personas de ambos sexos, con las mismas reglas pero distintas oportunidades. Que cruzar la línea de meta la primera cuesta el mismo sudor, la misma energía y la misma fuerza. O incluso más, porque ha de ser logrado con menos recursos. Y en ese momento es cuando tenemos que pararnos a reflexionar sobre qué estamos haciendo, o escribir posts como estos, que ojalá no fuesen necesarios pero que hoy por hoy siguen siendo imprescindibles.

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