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Puyol, un adiós sin mariconadas
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cuestiondepelotas | 04-03-2014 | 15:40

Hay noticias que te encogen un poco el corazón. El adiós del Barça de Carles Puyol, no por esperado, es menos emotivo y emocionante. Para los que ya han llegado a mi edad, los 36, comenzamos a ver que todos los grandes deportistas que anuncian su despedida de la primera línea de batalla son más jóvenes que tú, lo cual ya incita al desaliento. Poco a poco he ido asumiendo que nunca seré futbolista profesional, algo que mi nula habilidad con el balón me anunciaba desde pequeño, pero a lo que mi corazón aspiraba secretamente mientras tuve edad para ello y aún después. El deporte se ahorró un manta que acabó cayendo en la literatura, pero de haberse cumplido mis sueños hubiese deseado con todas mis fuerzas llevar una carrera parecida a la de Puyol.

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Los periodistas solemos recurrir a la épica escalonada cuando narramos algo tan simple como un tío corriendo detrás de una pelota. Ello deviene en chorradas tan inmensas como llamar Pichichón a Cristiano o Gladiator a Messi, estupideces que la gente repite luego en los bares y en el metro. Nuestro afán por vender una historia nos lleva, titular tras titular, a narrar un cuento de buenos y malos, donde los malos son invariablemente los del equipo rival de aquel a quien apoyan el grueso de tus lectores. Gesta, proeza, leyenda… Todas esas mariconadas que devienen en una píldora de dudoso gusto pero fácil consumición, destinada a los que leen poco y piensan menos.

Hubo un momento en el que el enfrentamiento entre los buenos y los malos alimentado por cierto macarra de Setubal llegó a crispar a todo un país. Y entonces surgieron de ambos bandos señores con muebles en la cabeza y acero en las pelotas, que supieron que había que parar aquello y lo hicieron, dándole una lección al mundo del fútbol cuyos daños colaterales aún colean, pero que valió el reconocimiento de aquellos que piensan dos veces antes de hablar y tres antes de escribir, y también un premio.

Puyol no estaba en aquel premio y hubo un clamor por ello, pues todo el mundo sabía que había sido el principal artífice de la paz. Todos recordaremos durante muchos años su clase en el campo. Todos recordaremos durante muchos años este gol esencial.

Y probablemente olvidemos muy pronto su amabilidad, su sensatez y que habló, en voz baja y de forma discreta, gritando a los cuatro vientos que el fútbol es algo más sencillo que toda esta sarta de memeces pseudoheroicas. No son más que 22 y una pelota. A ras de hierba, al corte y sin mariconadas. Y después un abrazo y a la ducha.

Ole ahí, Carles. Gracias. Este madridista jamás te olvidará.


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